La variante San Francisco – Mocoa: Los dilemas de la conservación y el desarrollo

Cuenca alta del río Mocoa (Putumayo, Colombia)

El piedemonte Andino – Amazónico del departamento del Putumayo es uno de los lugares con mayor biodiversidad en Colombia, y quizás en el mundo. Este lugar ha despertado el interés de pueblos indígenas ancestrales, misiones evangelizadoras, colonos, etno-botánicos, conservacionistas, empresas mineras, entre muchos otros. Desde hace algunos años dicha región se ha convertido en el foco de atención de la Iniciativa de Integración Regional de Sur América, IIRSA, que busca conectar el continente a través de varios proyectos de infraestructura vial.

Con la firma del acta de inicio de la construcción de la variante San Francisco – Mocoa en agosto de 2011, no solo se da comienzo a la construcción de una carretera de gran importancia para la región del Putumayo, sino que se cuenta con una gran oportunidad de desarrollar una innovación en materia de buenas prácticas ambientales y sociales en una obra de infraestructura, por primera  vez en el país.

La historia del proceso de construcción de esta carretera tiene más de 100 años. El trazado por donde se adelantarán las obras fue identificado por la Orden de los Capuchinos a principios del siglo pasado, a petición del gobierno nacional de la época; y así mismo, es considerado por los indígenas como un camino ancestral. El otro aspecto a considerar es su importancia ambiental, dado que el trazado atraviesa la Reserva Forestal de la Cuenca Alta del Río Mocoa, RFCARM, declarada por el Inderena en 1984.

Antiguo camino de Sachamates, San Francisco (Putumayo, Colombia)

Gran parte del trayecto que une la variante cae dentro de la RFCARM, 35 km de 46 km que tendría la variante. El área une zonas de subpáramo en el municipio de San Francisco con altillanura amazónica en el municipio de Mocoa.  Adicionalmente es una región con presencia directa de población campesina y en su zona de influencia, de población indígena.

Como resultado final, se logró que todos los estudios realizados confluyeran en un gran instrumento innovador de planificación que se denominó: el Plan de Manejo Ambiental y Social, PMASIS. Dicho plan incorporó así mismo todas las medidas compensatorias que se tendrán por el desarrollo de la obra, tanto las de ley, como las exigidas por el BID para su financiación. El diseño de la obra y las medidas compensatorias son una total innovación en materia vial en el país.

Sin embargo, son todavía muchas las prevenciones frente a la efectividad de las medidas que se han desarrollado hasta ahora. Algunos representantes de los pueblos indígenas de la región interpusieron una acción de tutela y una acción popular para frenar la obra, y en cambio rehabilitar la antigua vía. Dichas medidas a la fecha no han logrado su objetivo y se esta a la espera del fallo judicial que defina si se accede a las demandas de esta población.

Son muchos los intereses que se ciernen hoy en día sobre la construcción de esta vía: locales, nacionales e internacionales. Del éxito que tenga su construcción dependerán muchas nuevas obras en el resto del país y los instrumentos de manejo ambiental que se adelanten para su desarrollo. Hoy en día se esta haciendo un esfuerzo para fortalecer los mecanismos de participación que durante seis años que durará la obra, puedan hacer un seguimiento y una veeduría efectiva. Pocas veces en el país la construcción una carretera ha puesto tantos intereses en juego.

Vía antigua San Francisco – Mocoa (Putumayo, Colombia)

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Un nuevo territorio: reconversión productiva en la cuenca del Tunjuelo

Zona Rural Localidad Usme (Bogotá)

Imaginemos que cada año una ciudad como Bogotá debe generar las condiciones para recibir casi 150.000 habitantes nuevos.  El crecimiento urbano ejerce una gran presión sobre su territorio, incluida su zona rural. Las estrategias para ordenar el territorio y conservar los recursos naturales riñen con las necesidades de construir viviendas y barrios que permitan absorber el alto crecimiento poblacional.

La zona rural de Bogotá se ha venido perdiendo para darle paso a miles de casas que en su construcción, generan grandes conflictos y dilemas entre conservar áreas estratégicas o desarrollar nuevos barrios. Usme y Ciudad Bolivar son dos localidades del sur de Bogotá que cuentan con una extensa zona rural que sirve de borde amortiguador con el Parque Nacional de Sumapaz, allí este conflicto se vive día a día. Dichas  localidades así mismo conforman la cuenca del río Tunjuelo, de gran importancia ambiental para la ciudad. Sin embargo, el crecimiento de Bogotá amenaza la conservación de dicha cuenca. ¿Que opciones tiene una ciudad como Bogotá para proteger esta cuenca ante el crecimiento desbordado de la ciudad?, una pregunta para nada fácil de responder.

Esta región ha sido habitada por campesinos que tradicionalmente han hecho de la papa, la arveja, el haba y el ganado sus principales fuentes de ingreso. En la década anterior, se despertó un enorme interés por proteger este territorio por parte del gobierno de la ciudad, fue así como se declaró dentro del Plan de Ordenamiento Territorial de la ciudad, un Sistema de Areas Protegidas, con miras a que se convirtiera en un borde amortiguador entre el crecimiento de la ciudad y sus áreas estratégicas de conservación.

Zona Rural Usme, Bogotá (Colombia)

Es en ese marco que surge una propuesta innovadora de reconversión productiva (Ver: Logros y Resultados), la cual parte de: primero es reconocer que existe un gran conflicto por uso del suelo: en donde algunos quieren sembrar, otros quieren construir, y donde algunos quieren conservar, otros quieren sembrar; y segundo, es importante convertir la conservación en una opción de desarrollo para la población. Un país acostumbrado a ver el bosque como una traba al desarrollo por décadas, debe generar los instrumentos para que conservar los suelos, el agua, los bosques, tenga en lo posible un reconocimiento para quienes se comprometen a hacerlo, y un castigo para quienes no lo hacen.

La cuenca alta y media del río Tunjuelo posee aún grandes valores de conservación, se busca que de la mano de estos campesinos, se genere la estrategia de reconversión productiva, donde se conserven predio a predio los suelos, aguas, el páramo y los pocos bosques altoandinos que todavía se preservan en esta región.

Lo anterior requiere de dos componentes: el primero, buscar que la producción agropecuaria tradicional se transforme a una producción orgánica y de buenas prácticas agrícolas en aquellas zonas donde no existen áreas protegidas; y lo segundo, que en aquellas áreas protegidas donde existe producción agropecuaria, poco a poco sea reconvertida la producción, hasta recuperar dichas áreas para la conservación, de la mano de instrumentos económicos que reconozcan este cambio, vía compensación por servicios ambientales.

Muchas ciudades en el mundo han logrado conciliar la presión del crecimiento de la ciudad con la conservación de sus áreas ambientalmente estratégicas. Sin embargo, esto ha requerido de voluntad política y de mucha innovación en los instrumentos de desarrollo rural implementado. Bogotá esta a tiempo todavía de recuperar su zona rural, sin embargo, esto va a requerir de recursos y de mucha coordinación institucional para lograrlo.

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Pueblos Indígenas del Piedemonte Amazónico frente a los megaproyectos: Nuevos modelos de gobernanza

Río Caqueta, Piedemonte Amazónico (Colombia)

La unión de la Cordillera de los Andes con la Amazonía crea una de las regiones con mayor riqueza en ecosistemas, biodiversidad y culturas indígenas en Colombia. Dicha región, conocida como el Piedemonte Amazónico, cuenta con uno de los mayores índices de pobreza del país y los más bajos desarrollos en infraestructura. Sin embargo, desde hace muchos años, ha sido una región que ha despertado el interés de empresas petroleras, mineras, agroindustriales y de infraestructura, dados los megaproyectos promovidos, principalmente, por los últimos gobiernos.

Esta región, como ninguna otra, es lugar de encuentro de los sectores “conservacionistas”: tanto de las áreas protegidas, la biodiversidad y la cultura; como de aquellos “desarrollistas”, que intentan capitalizar los grandes incentivos del gobierno en materia de explotación de recursos naturales no renovables; así como de aquellos otros que ven una oportunidad en la explosión, en materia de servicios y de oferta de empleo no calificado, que crean estos boom. El gobierno intenta satisfacer los intereses de unos y de otros, con unos resultados muchas veces inciertos y que la mayor parte de las veces, no generan una señal clara en materia de que se tiene como política para dicho territorio. Se ha llegado a casos donde en una misma área, se declara un área protegida y se otorga una concesión minera.

En medio de dicho conflicto de intereses quienes son los dueños y han vivido y protegido ancestralmente este territorio, son, por lo general, los últimos en enterarse de los cambios sobre el territorio. Los pueblos indígenas del Piedemonte Amazónica: Inganos, Kofanes, Camentsa, Coreguajes, entre muchos otros; intentan conservar su territorio, en medio de las concesiones petroleras y mineras, los proyectos agroindustriales, los proyectos de construcción de vías y la colonización, derivada de estos procesos.

Desde los diferentes cabildos indígenas y sus resguardos, las organizaciones indígenas deben negociar con las instituciones del estado y las empresas privadas, a través de figuras legales como la Consulta Previa. Los megaproyectos traen consigo altos impactos indirectos sobre los territorios y sus poblaciones, los cuales no son considerados, generalmente, en los estudios de impacto ambiental, pre-requisito para la obtención de las licencias que se otorgan por parte del gobierno.

Los pueblos indígenas del Piedemonte Amazónico, cuentan con Asociaciones de Autoridades Tradicionales Indígenas, AATI; como una opción para unir fuerzas y construir unas mayores capacidades; que les permita entrar fortalecidos en los escenarios de negociación con el gobierno y las empresas. La innovación en materia organizativa lleva a estas AATI a buscar la forma de fortalecer capacidades para enfrentar de forma constructiva las demandas producto de la llegada de los diferentes proyectos.

Si bien es necesario reconocer que en el país existen normas que protegen en parte, la cultura y los territorios de dichos pueblos, las mismas se han construido desde un pensamiento netamente occidental, considerando los tiempos y los ritmos de negociación y los intereses propiamente occidentales; así como en una lengua diferente a la de los pueblos indígenas. Los líderes de los cabildos y de las organizaciones indígenas, muchas veces, tienen que recurrir a organizaciones que les traduzcan a su lenguaje
(algunas veces de forma literal), lo que dichos megaproyectos tienen escrito.

Fortalecer las organizaciones indígenas y construir unas mayores capacidades en sus líderes, debe convertirse en una prioridad para las organizaciones interesadas en conservar estas culturas y su territorio; ya que son ellos quienes lo han preservado y conservado ancestralmente; y así mismo son los únicos que posiblemente van a permanecer cuando: la mina, la explotación petrolera, la carretera o el proyecto agroindustrial termine, una vez no quede más recurso por explotar.

Río Putumayo, Piedemonte Amazónico (Colombia)

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El Cangrejo Negro: un baluarte del caribe en Providencia

Arrecife de Coral desde Callo Cangrejo, Providencia, Caribe Colombiano.

Providencia en el caribe colombiano, es una isla de apenas 17 kilómetros cuadrados, que preserva una de las barreras de coral más grandes de América. Del mismo modo conserva uno de los ecosistemas más amenazados en el mundo: el bosque seco tropical. En este paradisiaco lugar habita una cultura única en Colombia, los raizales. Esta población tiene como su lengua el creole, y esta más cerca de la cultura jamaiquina que de la colombiana. Este lugar, es hábitat de una especie única del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina: el Cangrejo Negro (Gecarcinus ruricola). El consumo de su carne y sus muelas fue incorporado a la gastronomía raizal, y desde hace varios años su consumo se convirtió en parte de los atractivos culinarios de los turistas que visitan el archipiélago. Son varias las medidas que han sido desarrolladas para conservar esta especie, sin embargo, esto ha requerido de mucha investigación, conocimiento de la especie y de su hábitat.

Las prácticas tradicionales asociadas a la captura del cangrejo reflejan un conocimiento lleno de historia de observación de la relación especie – medio natural, por parte de las comunidades raizales.  La captura del cangrejo es desarrollada ancestralmente en dos de los sectores más tradicionales de la isla: Bottom House y South West; su captura se da al caer la noche; al siguiente día las familias comienzan una labor artesanal de gran cuidado para extraer su carne y preparar sus muelas, para posteriormente congelarlas. El producto es servido principalmente en los restaurantes de Providencia y San Andrés, bajo diferentes preparaciones locales.

El incremento en su consumo en los años 1990’s, derivado del aumento en el turismo al Archipiélago, puso en peligro la especie, lo que obligó a la autoridad ambiental de la región: Coralina (www.coralina.gov.co), a iniciar acciones para su preservación. Lo anterior, teniendo en consideración que el 20% de la población de Providencia obtiene algún tipo de ingreso de su captura, procesamiento y comercialización.

Monumento Cangrejo Negro, Providencia (Colombia)

Fue así como Coralina comenzó a realizar una serie de investigaciones de la biología y de la ecología de la especie, con miras a definir medidas para el control de su captura, procesamiento y comercialización. Este escenario es aún mas complejo, si consideramos que la especie entra en la categoría de fauna silvestre, una de las de mayor restricción para su comercialización en el país.

Sin embargo, varios años de investigaciones de Coralina, dieron como resultado un conocimiento de la dinámica poblacional de la especie y su interacción con el bosque seco, que llevaron a substanciar una resolución en el año 2005, la cual se constituyó en una medida innovadora en materia de conservación de la especie. Dicha medida busca controlar la captura a través de vedas y operativos de vigilancia sobre la carretera principal por donde se da la migración. En dicho control participan los mismos capturadores, siendo este un espectáculo natural único en su especie.

Esta iniciativa, se constituye en un ejemplo de la conservación de una especie que se consideró en peligro en un momento dado y que aún sigue amenazada, donde se comprendió la dinámica de una especie que vive en el bosque, pero que se reproduce en el agua, requiriendo de una gran innovación para acompañar a la especie en su migración. Esta experiencia resulta de un gran valor para otras iniciativas que buscan conservar fauna silvestre en Colombia y en el mundo.

Cangrejo Negro, Providencia (Colombia)

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Mini-mal: Jalonando una cadena de valor para la piangua

Ejercicio construcción Cadena de Valor de la Piangua con Asconar, Tumaco, (Colombia)

Es mucho lo que se habla de comercio justo con las comunidades afrodescendientes del pacífico colombiano, pero muy pocas las experiencias donde se puede sentir y apreciar esto de manera sincera. El restaurante Mini-mal (www.mini-mal.org) es quizás uno de los pocos que puede contar la experiencia de lo que significa jalonar una cadena de valor para la piangua y la pesca artesanal en Bogotá.

Desde hace 6 años, de la mano de la Asociación de Concheras de Nariño (Asconar) en Tumaco, semana tras semana, Mini-mal emprendió la empresa de traer piangua y pesca artesanal fresca, como materia prima para sus platos.  El restaurante con un énfasis en comida fusión colombiana, tiene una gran influencia e inspiración en la gastronomía del pacífico.

En el año 2006, Asconar de la mano de Fundación Equilibrio (www.fundacionequilibrio.org), inició la implementación de un programa de buenas prácticas de extracción y procesamiento de la piangua, pudiendo generar un producto fresco y refrigerado, empacado al vacío. Desde ese año, Mini-mal inició un programa de buenas prácticas de comercialización, rompiendo los canales de intermediación y logrando que el producto llegara a Bogotá por vía aérea, un día después de su extracción. De esta manera, la cadena de valor redujo el número de intermediarios, logrando que Asconar recibiera un precio justo por la extracción y procesamiento de la piangua, muy por encima de lo que cualquier pesquera o intermediario le pagaría en Tumaco por este producto.

El éxito de este esquema, permitió que Asconar incorporará a los envíos, productos derivados de la pesca artesanal; es así como cada semana envían entre otros productos: corvina, raya ahumada, atún, adicional a la piangua; siendo este restaurante, un ejemplo de lo que significa avanzar en jalonar una cadena de valor desde la extracción hasta el consumidor final, teniendo clara la trazabilidad de su producto.

Ganador concurso Ventures, planes de negocio categoría social 2007 (Bogotá, Colombia)

Este restaurante, se ha convertido en un referente nacional e internacional de la promoción de los productos de la biodiversidad colombiana (Slowfood); con un esquema de proveeduría, donde la casi totalidad de sus productos provienen de experiencias con algún valor ambiental o social.

No obstante, el éxito de la experiencia, son varios los factores que afectan la competitividad de esta iniciativa, y además amenazan su sostenibilidad: las dificultades de orden público en Tumaco, la poca competitividad del transporte aéreo de carga de las aerolíneas que viajan a Tumaco, la inestabilidad del servicio de energía en Tumaco, los altos costos financieros, entre otros factores; afectan permanentemente los envíos de la piangua y la pesca artesanal a Bogotá; habiendose convertido lo anterior, en una seria limitación para el crecimiento de la cadena de valor. Otros restaurantes que se habían sumado a la iniciativa en años anteriores, no tuvieron la paciencia que tuvo Mini-mal para entender este tipo de problemas, y regresaron a sus esquemas de proveeduría tradicional.

Hoy en día Mini-mal piensa escalar la experiencia a otras regiones del pacífico colombiano; la oferta de la pesca artesanal y de la piangua es enorme, pero desafortunadamente las condiciones de competitividad pueden ser peores aún que las de Tumaco; sin embargo, dado su enorme potencial existe la posibilidad de desarrollar opciones innovadores para mejorar los canales de logística y transporte. Si bien se trata de una cadena de valor pequeña, los aprendizajes son enormes, y la misma se constituye en un referente importante para que otros restaurantes incluyan este tipo de “comercio justo”: dentro de su carta.

Ver Etiqueta de Piangua empacada al vacio fresca y refrigerada. Asconar, Tumaco (Colombia)

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Indi Iaco: Fortalecimiento Organizativo en el Valle del Sibundoy

Valle del Sibundoy, Putumayo (Colombia)

El Valle del Sibundoy es la entrada al piedemonte andino – amazónico en el Departamento del Putumayo, Colombia. Sus cuatro municipios. Santiago, Colón, Sibundoy y San Francisco son una mezcla de cultura andina con amazónica, con gran presencia de dos de las etnias más representativas del Putumayo: Inganos y Camentza. La fertilidad del valle se refleja en los cultivos de frijol, de maiz, de hortalizas y de pasturas para ganado lechero; prácticas introducidas por colones que llegaron a esta región desde el siglo XIX. Esta región cuenta con varias  áreas protegidas a su alrededor, las cuales han buscado preservar la alta riqueza en bosques y biodiversidad. Estas declaratoria de áreas generó desde hace más de 70 años un conflicto entre los colonos que vivían de la extracción de madera y las autoridades ambientales de la región. Sin embargo, hoy en día existe una experiencia que ha logrado conciliar y generar una esperanza de posibilidades frente a este conflicto, la cual se convierte hoy en una experiencia organizativa innovadora.

Motivada por la principal autoridad ambiental: Corpoamazonía y WWF, nació esta iniciativa organizativa que quiere mostrar una forma diferente de trabajar el bosque: Indi Iaco. Un grupo de 30 ex – leñadores que por más de 70 años vivieron de la extración de madera de esta gran reserva, en un proceso de negociación de varios años tomaron la iniciativa de cambiar las hachas por las semillas y la tierra para sembrar bosque.

Vivero de Arboles Nativos para Reforestación, San Francisco, Valle del Sibundoy, Putumayo (Colombia)

 

 

 

La Asociación Indi Iaco esta compuesta por hombres y mujeres, ellos se dedican a la producción de plantulas y a la reforestación, mientras las mujeres levantan huertas caseras, producen hortalizas y especies menores buscando así contribuir también con la seguridad alimentaria de las familias. En la organización ven una gran posibilidad para interactuar y gestionar iniciativas con las instituciones y organizaciones locales y regionales que actualmente tienen intereses en la conservación y en el desarrollo sostenible de esta región.

En este proceso de negociación estos campesinos y colonos encontraron que de las semillas de este gran bosque, que por generaciones caminaron para buscar trozas de madera, surge la materia prima para la producción de árboles que posteriormente sembraran en los potreros que por años los ganaderos le arrebataron al bosque. Igualmente, en la costrucción de la nueva carretera, San Francisco – Mocoa, esperan encontrar oportunidades para que sus plantulas contribuyan a recuperar lo que el asfalto le robará a la reserva.

Lo que viene para Indi Iaco no es fácil. La llegada de las volquetas, las retro-escabadoras y los camiones trallendo material para comenzar a romper la selva que por muchos años sus familias han recorrido para buscar su sustento, traeran detrás: un desarrollo económico que no han buscado y lo que éste conlleva, en una región que hoy en día parece detenida en el tiempo. Indi Iaco es un ejemplo de innovación organizativa para otras regiones y países que enfrentan este tipo de conflictos por el uso de recursos entre colonos y autoridades ambientales.

Taller de Fortalecimiento Organizativo Asociación Indi Iaco, San Francisco, Putumayo (Colombia)

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Tumaco: Conchar en medio del Conflicto

Mujeres Concheras antes de Salir al Manglar, Tumaco (Colombia)

“Sin manglar no hay conchas, sin conchas no hay trabajo, sin trabajo, ¿de que vamos a vivir?” (Testimonio Conchera Pacífico Nariñense).

Después de cuatro años de participar en el Conversatorio de Acción Ciudadana de la Piangua y los Manglares del Pacífico Nariñense, que incluyó: capacitación, formación política y ciudadana, conservación del manglar y de sus recursos hidrobiológicos y fortalecimiento organizativo; una mujer de una asociación de concheras hizó la anterior declaración. Muchas mujeres expresaron que con dicho proceso: “liberaron la palabra”.

Sin embargo, la capacidad de las instituciones de gobierno local en Tumaco es muy baja, e igualmente en algunas de ellas existe bastante corrupción, y la posibilidad real que tienen para proteger un ecosistema de tal riqueza es mínima. Igualmente la misma configuración del manglar con miles de “calles y avenidas” naturales, que se adentran hacia las selvas del piedemonte del pacífico, uno de los lugares de mayor pluviosidad en el mundo (hasta 7.000 mm al año) han hecho de éste, el lugar perfecto para que el narcotráfico haya encontrado el nicho ideal para moverse con tranquilidad, con una salida gigantesca al mar.

A Tumaco han llegado miles de personas desplazadas por el conflicto armado y han hecho de este lugar el epicentro donde clonfluyen: las instituciones, los actores del conflicto, los desplazados, agencias de cooperación para el desarrollo, ONG, etc.. Las comunidades que ancestralmente habitan allí y conviven del manglar se han convertido igualmente en “excluidos” de su propio territorio. Hoy día en Tumaco se respira una “tensa calma” producto de dicha presión, y por supuesto en una situación tan compleja desde el punto de vista social y económico, la agenda de conservación es marginal frente a otros asuntos de mayor urgencia.

El trabajo de una Asociación de Concheras como ASCONAR; pese a todo el reconocimiento nacional e internacional, apoyo de la cooperación internacional y buenos resultados, tiene que convivir con una presión cada vez mayor de las denominadas por el gobierno nacional como: Bandas Criminales Emergentes (BACRIM); lo cual genera mucha tensión en lo que implica el día a día de recorrer los manglares, recolectar la piangua y comercializarla, y adicionalmente exponerse a las situaciones propias del conflicto.

En ese contexto del desplazamiento han surgido grupos principalmente de hombres concheros, ajenos al territorio, que ven en esta actividad una forma de generación rápida de ingresos. Para su labor incluyen adicionalmente un “machete”, ingresan al manglar lo destruyen indiscriminadamente e irrespetan las tallas mínimas de las conchas, a diferencia de las mujeres que saben que regresaran nuevamente a él, y esto lo traducen en un mayor cuidado para el desarrollo de su labor. En cada jornada lo que las mujeres concheras conservan del manglar y de las conchas, al paso de estos “nuevos concheros” es destrucción.

Las innovaciones en términos organizativos, de procesos y de mercado, que por casi 20 años han logrado un “matrimonio” respetuoso entre las mujeres y el manglar; se esta viendo seriamente amenazado producto de las complejas condiciones sociales y económicas que vive un lugar como el pacífico nariñense colombiano. Las gestiones y los apoyos por muchos años de las diferentes entidades y organizaciones se quedaron cortos ante la cruda realidad; y nos enfrentemos cada día a la pérdida de una tradición centeneria y de un ecosistema milenario.

Hombres Concheros ingresando a los manglares, Tumaco (Colombia)

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